ENOGASTRONOMÍA
Reggio Emilia es la patria de los tesoros de la cocina italiana: desde el Parmesano Reggiano DOP hasta el Vinagre Balsámico Tradicional de Reggio Emilia DOP; desde los vinos DOC, como el celebérrimo Lambrusco, hasta los embutidos típicos y el erbazzone (una especie de tarta o empanada rellena de espinacas y acelgas); del gnocco fritto (una masa de hojaldre frita que se sirve muy caliente junto con salchichón, jamón, morrillo, etc.) a las infusiones, como el famoso nocino.
El rey de la mesa es el Parmesano Reggiano, cuyo origen se remonta a los tiempos de las abadías benedictinas. Se requieren unos dieciséis litros de leche para hacer un kilo de queso, pero sólo cuarenta minutos para digerir cien gramos, frente a las tres horas y media necesarias para digerir la misma cantidad de carne bovina.
¿Cuál es la diferencia entre el vinagre balsámico y el vinagre balsámico “tradicional”? El Vinagre Balsámico Tradicional ha de ir añejándose a lo largo de doce años como mínimo (cincuenta años, en el caso de los vinagres de mayor calidad, análogamente a los grandes vinos). El vinagre balsámico industrial, por el contrario, está sólo un mes en barrica.
El resultado es ese líquido casi dulce, pastoso, que se vierte gota a gota sobre toda clase de manjar, incluidos el helado y la fruta. No siempre resulta fácil, sin embargo, hallarlo en los circuitos de la gran distribución comercial. Si uno se encuentra por estos lares, por tanto, hará bien en aprovechar la ocasión. La experiencia más placentera consiste en degustar estas delicias siguiendo las etapas de las dos Rutas de los Vinos y los Sabores de la zona (Strade dei Vini e dei Sapori).













