ARTE Y CULTURA
A la sombra de la Ghirlandina
“¿Cómo lo he hecho? Creo que he sido inspirado directamente por Dios”. Así respondía el arquitecto Lanfranco a quien le preguntaba cómo había logrado proyectar esa obra maestra que es la Catedral de Módena. Al menos eso es lo que cuenta la leyenda… Y ¿quién sabe? Quizás Lanfranco lo pensaba realmente. De lo que no cabe duda, sin embargo, es del innegable esplendor de este edificio, considerado uno de los ejemplos más altos del arte románico europeo: grandioso, completamente revestido de mármol blanco. Una espectacular e infinita sucesión de columnas, capiteles, bajorrelieves, figuras de profetas, seres fantásticos, claroscuros, luces y sombras...
La fachada fue decorada por otro genio de la época, el escultor Wiligelmo. Desde 1099, cuando se colocó la primera piedra, la Catedral de Módena asombra a visitantes y turistas. Por la entrada lateral de la Via Lanfranco se accede a los Museos de la Catedral, con el Archivo Capitular y el Museo Lapidario.
Módena es una cuna del arte muy especial, pues acoge al turista con calidez, en un ambiente lejano del agobio metropolitano. Suscita, en definitiva, esa clase de maravillosas impresiones que se experimentan, por ejemplo, al cruzar la Piazza Grande, sintiendo bajo los pies los adoquines del antiguo pavimento empedrado.
¡Cuántos destinos, a lo largo de los siglos, se han decidido precisamente aquí! Ahí está todavía, en la plaza, la piedra “Ringadora”, una enorme roca que, en el período de los Comuni, se utilizaba como tribuna para los oradores que, por turnos, arengaban a la muchedumbre. Actualmente la Piazza Grande se llena a rebosar el 31 de enero, día de San Geminiano, patrón de la ciudad, y el jueves lardero, día de Sandrone, la máscara modenesa que pronuncia su “vaniloquio” anual a los conciudadanos desde el balcón del ayuntamiento.
Y para todos los que preguntan, como siempre ocurre, por qué la torre de Módena (87 metros), símbolo de la ciudad, se llama Ghirlandina, la explicación es bien sencilla: es por sus balaustradas de mármol “enroscadas” alrededor del pináculo, bellas y lindas como un montón de guirnaldas.
Como se enroscan también, de forma irregular, las medievales callejas del centro. Su caprichoso trazado es consecuencia de la construcción originaria de los edificios y calles antiguos, que flanqueaban el curso de los canales que tiempo atrás discurrían por el núcleo de la ciudad. Es el caso de una de las calles más sugestivas: Corso Canalgrande. Aquí, en el número 85, se encuentra el Teatro Comunale, proyectado en 1838 por el arquitecto Francesco Vandelli e inaugurado en 1841. El otro teatro histórico de la ciudad es el Storchi (siglo XIX) con una original estructura arquitectónica caracterizada por una doble fachada.
Curiosidades
UNA ESPLÉNDIDA CAPITAL
En 1598 Módena se convierte en capital del Ducado Estense. La ciudad se viste de fiesta. Se construye el Palacio Ducal, que con sus salones, patios y escalinatas le brinda al visitante un recorrido de belleza y encanto excepcionales. Visitas guiadas previa reserva. Información: Modenatur. Tel. +39 059 220 022
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