EL EQUILIBRIO Y LA BELLEZA: LAS RUTAS DEL RENACIMIENTO
Piacenza renacentista
Quien llega a Piacenza se ve inmerso en un ambiente de fábula. La ciudad está llena de palacios y basílicas renacentistas. Entre las iglesias, la más fascinante es el Santuario de Santa Maria di Campagna, con un soberbio ciclo de frescos. Desde esta explanada en 1095 el papa Urbano II proclamó las primeras cruzadas de la historia. Grandes emociones también en San Sisto, una iglesia de mujeres, fundada en el 874 por las monjas benedictinas. Aquí se halla enterrada Margherita d’Austria (1522-1586). Sobre el altar mayor hay una copia de la “Madonna Sistina” de Raffaello, realizada expresamente para la iglesia. El original fue vendido por los benedictinos, por 10.000 cequinos, al rey de Polonia en 1754. Hoy es la pieza más importante del Museo de Dresde. Además de la iglesia de San Sepolcro (1513), hay que citar el Palazzo Farnese (1559-1602), como no, que se eleva junto a lo que queda de la Ciudadela de los Visconti (del siglo XIV): dos torres angulares y murallas almenadas. La Via Taverna está llena de importantes edificios, como el Palazzo Barattieri di San Pietro, el Palazzo Somaglia, el Palazzo Scotti da Fombio y, en frente, el Palazzo Scotti di Castelbosco (del siglo XVIII). La construcción más importante se encuentra entre la Via Giordano Bruno y la Via del Consiglio: es el Palazzo Landi (siglo XV). Alojó al emperador Carlos V y a su hijo Felipe II. Muy hermosos el portal (1506), el claustro y la escalinata. Actualmente es la sede de los tribunales.
Pintoresco Oltretorrente
Un itinerario poco común en una de las áreas más pintorescas de Parma. La zona es la del Oltretorrente (es decir, “más allá del torrente” de Parma, que atraviesa la ciudad). Es un barrio popular antiguamente caracterizado por la presencia, junto a los canales, de hospicios, monasterios y talleres. Aquí es donde nació el gran director de orquesta Arturo Toscanini. Su casa natal ha sido transformada en un Museo, lleno de interesantes objetos, documentos y curiosidades. En el nº 45 de la Via D’Azeglio hay un gran edificio con soportales: es el que fuera el Hospital Viejo de la ciudad, construido en el siglo XV y activo hasta 1926. En el barrio de Oltretorrente se encuentra asimismo la monumental iglesia de la Santissima Annunziata (1566), en la que un relieve de estuco sobre el portal central celebra el tema de la Anunciación del que deriva su nombre. De ese mismo conjunto forma parte el Oratorio de Sant’Ilario (siglo XVII), dedicado al patrono de la ciudad (1663) y la iglesia de Santa Maria (1604). A pocos metros del torrente, después del puente Verdi, destaca el Palacio Ducal, construido por voluntad de Ottavio Farnese en 1561, proyectado por uno de los arquitectos de mayor talento de la época, Vignola, y restaurado por Petitot en 1767. Insólita la habitación de los pájaros, con 224 figuras de volátiles; más “romántica” la Sala del Amor, con frescos de Carracci y de Il Parmigianino. En el exterior, un inmenso parque con árboles centenarios y esculturas del siglo XVIII.
Una ruta por las cortes a orillas del Po
¡Qué esplendor el del Renacimiento a orillas del Po! El itinerario de las cortes padanas arranca de Gualtieri, lugar que encanta por la originalidad de su plaza renacentista porticada, obra de l’Argenta. En el lado este de la plaza, se yergue la sólida mole de Palazzo Bentivoglio, en cuyo interior se encuentran la grandiosa Sala de los Gigantes (con frescos del siglo XVII), la capilla y el teatro del siglo XVIII. El palacio alberga el Museo “Antonio Ligabue”, que exhibe copias de cuadros del artista. En la cercana Luzzara se halla abierto desde 1967 el Museo Nacional de Pintura Naíf “Cesare Zavattini”. Guastalla tiene el aire de la pequeña capital, con los recuerdos de los Gonzaga. En la Piazza Mazzini se yergue la estatua de bronce de Ferrante I Gonzaga, obra de Leone Leoni, más conocido como l’Aretino (finales del siglo XVI), la Catedral de San Pietro y el Palazzo Ducale, de la segunda mitad del siglo XVI. Correggio vivió más de seis siglos de gran esplendor como capital del Principado homónimo. Hoy es una pintoresca ciudad padana cuyo encanto sigue vivo en el Palazzo dei Principi, donde se alojaron Ariosto, Bembo, l’Aretino y el emperador Carlos V. Alberga el Museo Cívico, que se compone de cinco salas, entre las que destacan la Sala Mantegna, con el Redentor realizado por Andrea Mantegna en 1493, y la Sala Correggio, con una tabla del artista Antonio Allegri, insigne pintor del renacimiento italiano, nacido aquí, que representa el Rostro de Cristo.
Siguiendo las huellas de los d’Este
La llegada de los d’Este a Módena en 1598 y su señoría transformó la ciudad renacentista en un centro espléndido. De aquel período quedan huellas en palacios, museos y galerías, iglesias e incluso en el huerto botánico universitario. Precisamente los Invernaderos Ducales (entre Corso Canal Grande y Viale Caduti in Guerra), instituidos en el siglo XVIII por Francesco III d’Este, hoy cuentan con más de mil plantas raras.
Hay que empezar el recorrido por el que siempre ha sido el centro del poder de la ciudad: el Palazzo Comunale situado en la Piazza Grande. Se trata de un edificio que esconde un secreto… Detrás de la fachada porticada construida en el siglo XVII, se oculta un conjunto de construcciones medievales. Hay que subir por la escalinata para ver las ornamentadas salas históricas. La más famosa es la Sala del Fuego, con los frescos de Nicolò dell’Abate, realizados en 1546. Portales de mármol, estatuas de terracota y valiosos frescos renacentistas son el tesoro de la Iglesia y el Monasterio de San Pietro (1476-1518), construcción muy bonita en todas sus partes, incluida la sacristía, que conserva unos maravillosos bancos taraceados. Podemos preguntarnos cómo vivía la poderosa familia d’Este. Nos lo muestra —es una visita de lo más emocionante— la Galería Estense, sita en el último piso del Palazzo dei Musei: contiene una parte de la preciosa colección de pinturas, dibujos, objetos y libros antiguos que perteneciera a la familia ducal.
Ferrara renacentista
En los rincones más pintorescos de Ferrara se respira la atmósfera de su Renacimiento. Pero una cosa es el ambiente y otra un “verdadero paseo por el interior del siglo XVI”: un recorrido fascinante es el que empieza en el Castillo Estense, pasa por la Via Borgo dei Leoni, toca en primer lugar la Iglesia del Gesù, que conserva una hermosa Piedad de terracota, y después baja a Corso d’Ercole I d’Este. Trazada por el genial arquitecto de la corte Biagio Rossetti, concebida como una “calle ideal”, es una recta perfecta de 1.300 metros, con suelo empedrado y flanqueada por jardines y elegantes edificios como Palazzo Giulio d’Este y, en el cruce con la Via Ariosto, en el mágico Cuadrivio de los Ángeles, el Palazzo dei Diamanti, el Palazzo Turchi di Bagno y el Palazzo Prosperi Sacrati. Precisamente en esta zona se encuentra asimismo la casa de Ludovico Ariosto (en Corso Rossetti). ¿Una curiosidad? Viale della Certosa. Es una alameda, no pavimentada, sino de tierra, a pesar de estar en pleno centro. Lleva a la Certosa (la Cartuja), monasterio fundado por Borso d’Este (1452): hoy es el cementerio monumental de la ciudad. Les gustará también la Piazza Ariostea, con su césped, geométrica, en forma de anfiteatro, lugar muy frecuentado por los ferrareses, que aquí vienen a correr o a jugar. Si se quiere alargar ligeramente el paseo se puede visitar la cercana Galería de Arte Moderno, sita en el Palazzo Massari.
La ruta del Renacimiento romañés
El recorrido no puede dejar comenzar en Bagnacavallo, joya urbanística de planta medieval con una poética Piazza Nuova, notables iglesias (San Michele, San Girolamo, y del Carmine) y una rica pinacoteca. Quizás no todos sepan que Bagnacavallo es un verdadero referente nacional en lo que concierne a los grabados. Todo empezó cuando un señor, Vittore Ferroni, donó su colección de grabados antiguos a la ciudad. Así nació el Gabinetto delle Stampe (Gabinete de los Grabados), cuya colección se ha ido engrosando con el tiempo. Hoy el Gabinetto se ocupa de las ediciones del gremio de los grabadores italianos, al que pertenecen 750 artistas vivos. Una auténtica fortaleza del siglo XV, perfectamente conservada, podrán encontrarla en Bagnara di Romagna. Sus torres han visto una larga serie de propietarios: la Santa Sede, los d’Este, la República de Venecia, los Manfredi, los Sforza, el Papa Sixto IV... Por suerte actualmente está abierta a todo el mundo (es la sede municipal) y alberga el archivo histórico, con textos insólitos del siglo XVII. La fortaleza estense de Lugo, del siglo XVI, es un ejemplo emblemático de la arquitectura de defensa. No es el único elemento de interés de esta ciudad, con un casco antiguo de sabor “settecentesco”, el cuádruplo pórtico del Pavaglione y el monumento al héroe de la aviación Francesco Baracca.
La “ciudad-fortaleza” de Terra del Sole
Sólo su nombre es ya pura poesía: Terra del Sole. Porque el sol ilumina una ciudad ideal, utópica. Pero lo bueno es que Terra del Sole —a tiro de piedra de Castrocaro Terme—, ciudad renacentista proyectada sobre el papel en el siglo XV, ha permanecido intacta, exactamente como era entonces. Fue concebida por la familia Médicis, los señores de la región (Toscana está cerca), como una “ciudad ideal” fortificada. En plena era renacentista, tenía que ser un microcosmos feliz que reflejara la perfección y la armonía del macrocosmos. Había de ser una invención en la distribución del espacio: por eso se denominó la Terra del Sole o “Heliópolis” (Ciudad del Sol). El proyecto fue encargado a los mejores arquitectos y “cerebros” de la época: Baldassarre Lanci, de Urbino, como arquitecto general, su hijo Marino, Camerini, Buontalenti y Genga, como colaboradores suyos y continuadores. ¿El resultado? Un rectángulo protegido por bastiones que en la actualidad se puede ver todavía. Y en el interior del recinto, un núcleo habitado civil y militar. El asentamiento, perfectamente simétrico, con su cardo y su decumano perpendiculares, incluye cuatro manzanas. Dos barrios, el romano y el florentino, la cruzan de una a otra puerta, flanqueados por cuatro barrios menores. Dos castillos angulares conforman el pintoresco fondo. El conjunto se conecta con la amplia Plaza de Armas, a la que se asoman edificios monumentales como la Iglesia de Santa Reparata, el Palazzo dei Commissari, el de los Provveditori y el de la Provincia.
El máximo esplendor del Renacimiento: la señoría de los Malatesta
Si hubiera que establecer una clasificación de lo mejor del Renacimiento italiano, el Templo Malatestiano se ganaría un lugar entre los primeros puestos, de modo que su visita resulta poco menos que obligada. En la provincia de Rímini, el Templo Malatestiano quizás sea el símbolo más majestuoso del máximo esplendor de la Señoría de los Malatesta. Tenía que ser el mausoleo del poderoso Sigismondo Malatesta, quien, para construirlo, hizo demoler, sin muchos miramientos, la Iglesia de San Francesco (siglo XIII), en pleno centro de Rímini, en la que hoy es la Via IV Novembre, justo detrás de la Piazza Cavour. Lo cierto es que el mausoleo tenía que dejar a la Italia renacentista con la boca abierta, en parte por la admiración, en parte por mera envidia. Con esta idea Sigismondo, en 1447, llamó a todos los grandes de la época: Leon Battista Alberti, autor de la magnífica fachada de mármol, Piero della Francesca, pintor de los frescos de las paredes, Agostino di Duccio, que se encargó de la decoración del interior. Sin embargo, el hecho de que Sigismondo cayera en desgracia (fue excomulgado por el papa) impidió que la obra se viera terminada: los trabajos fueron interrumpidos en 1461. Pero el Templo Malatestiano no por ello deja de ser espléndido. Su interior está plagado de obras de arte, entre las que destacan un Crucifijo sobre tabla de Giotto y, como no, las sepulcros de Sigismondo y su joven amante, que después se convirtió en su mujer, Isotta degli Atti.











